jueves, 1 de abril de 2010

Vida

Cuando escuchamos un grito, el que trae consigo desesperación, desconsuelo, agonía, afecto, sinceridad, olvido. Estamos escuchando un llanto que fluctúa desde lo más profundo de nuestros recuerdos y anhelos, hasta sencillamente el minuto presente.

Es recordar, sentir volver a vivir la muerte como si esta nunca hubiese existido. Algunos dicen que la muerte es vida y les creo a veces. Porque llorar, gritar, emitir sonidos en virtud del dolor es vida, es superación, sentido de orientación en un margen claramente desorientado, un día, un minuto.

Creer que las nubes están en vano en el cielo, es como creer que las flores no necesitan del agua o que los árboles no respiran. Es tan absurdo como en el supuesto de que el amor no existe y que si existiese se autodestruiría. Lo que es aún peor, es contradecirse con la verdad y caer al mismo lugar donde solías jugar, esperar, sentir, amar o incluso mentir.

Todo tiene un porqué, porque en el caso que no lo tuviese no tendría sentido vivir. La muerte tiene el propio y ese es vida de otros. La naturaleza es tan sabia que se encarga de crear vida con muerte y de la vida misma olvidar la muerte. Crear frutos en lugares secos, amor en el odio y lluvia en sequía.

Un amor, como el que me enseño amar y al mismo tiempo odiar, es el amor más importante porque me enseño lo que es la vida y a morir en cualquier día…


… y que la muerte no importa. Lo importante es la vida

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