Mira, la verdad jamás en mi vida me habría esperado algo así. Fue como un sueño, de esos que cuando chico teníamos y reíamos para luego volver a la realidad.
Darnos cuenta que todo sigue siendo igual, las mismas calles, el mismo bar, las mismas miradas, iguales palabras como vivencias. Ahora, estaba todo distinto, no porque cambió, sino más bien porque se transformó.
No fue necesario regalar flores ni tampoco que nos presentaran. No era necesario justificar nuestro encuentro como inoportuno, menos como algo lógico. Sencillamente me saludaste, me miraste, nos miramos, conversamos cosas que creo que ninguno antes se había dado cuenta del valor, hasta ahora.
Un mundo tan cruel que nos complementa con aires de cosas que jamás habíamos vivido, solo soñado y quizás ni eso.
Dios en un momento se detuvo tal vez, para hacernos ver que todo lo que deseamos tiene un riesgo, cuesta y por la cresta como cuesta. El juego tiene sus reglas, está ahora en nosotros aceptarlas, jugar y ganar.
Nos demoramos segundos en conocernos, minutos en querernos y un par de horas en convencernos. Ni un solo día paso para darme cuenta que dejaría todo para viajar al Perú, pasearnos por las calles y reírnos de la misma risa.
Estupefactos quedamos cuando nos reconocimos como perfectos en un mundo imperfecto y de la nada caímos para darnos cuenta que puede que de perfectos nada tenemos, pero de únicos; vamos a saber que es lo único en el planeta.
Se juntaron las estrellas disfrazadas de luces, los ruidos entre nosotros dejaron de serlo y más bien mutaron en las melodías más hermosas, para hacer de nuestra velada un hecho único en el mundo, realizarnos como tu y como yo, como un ente especial que para nosotros creíamos existente, pero que no conocíamos. Como la fe, como el amor común y corriente.
Jugar, pelear, vivir, disfrutar, viajar. Pensar que todo esto nos costo años luz en encontrar y tan solo segundos en vislumbrar. Nos demoramos un par de palabras para aceptarlo y reconocerlo. Al más puro estilo de película gringa, como escrito de novela, como cuento de cuando eras pequeña.
Todo esto llega a un punto en que pedirte algo se vuelve anormal, porque todo lo que pediría ya me lo supiste dar. Un valor extraordinario de los relojes para demostrarnos que el tiempo es un concepto, el amor un pretexto y nosotros todo un contexto.
Hojas de libros y ojos de tu nombre y el mío, necesarios para darnos cuenta lo mucho y poco que nos importaba esto. Terminamos siendo presos de amores incompletos y amantes al mismo tiempo, de nuestros propios sueños.
Ahora estamos mirando lo mismo, las mismas letras, el mismo sentimiento. Depende de nosotros seguir mirando de frente o hacernos un lado simplemente. Si dependiera de mi, moriría por volver a verte, no sé si ahora sería para tan solo verte...
…Creo que este cuento tiene páginas interminables que puede mantenerse en un te quiero por siempre…
No hay comentarios:
Publicar un comentario